reflexiones

23 feb 2010

arte en su naturaleza















Un invierno en su fase terminal..el mar aún agitado sacude a cada ráfaga del viento y se defiende aplastando sus olas de las orillas. En el aire se siente un fuerte olor a sal ahogado en los timidos rayos de sol del 23 de febrero..lo inspiro profundamente y, de repente, mi cuerpo se siente invadido por un cúmulo de sensaciones. Sí, soy chica sensorial: un olor te puede hacer recordar, vivir de nuevo algo que has vivido, un olor es experiencias, es sensaciones, sentimientos, es momentos o momento.

En el silencio de la playa puedes disfrutar de todo: de los perfumes, de los sonidos, de las imagenes, todos tus sentidos están encendidos al máximo y experimentan:) Puedes hacer lo que quieras porque nadie más que el mar sera el testigo, puedes soñar, hasta imaginarte que eres una sirena y empezar a cantar o a bailar moviendote al ritmo de la sinfonía del viento! Me descalzo y piso con cuidado la arena aún fria y me acerco del agua: una ola traviesa me moja los pies y se retira haciendo dibujitos en la arena. Las huellas de mis pies desaparecen enseguida como si no fuesen reales, el mar es tan intrigante..¿cómo consigue hacerme descubrir cosas ineditas?

Me paro mirando sin decir nada, sin moverme, me quedo en una inercia que me ofrece tanto placer que no me lo hubiese imaginado jamás! Creo que extrañaba el mar, entre nosotras siempre ha existido una conexión especial...!

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